miércoles, 23 de agosto de 2017

La sangre derramada se arrastra, buscándome,
Las escamas que aparté con un cuchillo,
el corte.
Sus tripas lloran furiosas, gritan ciegas y me acusan,
Por qué nos hiciste esto a los dos.

El cuerpo se retuerce y me habla,
pese al torrente con el que lavé su garganta,
y sus ojos vidriosos me miran, aun muertos,
supurando a la vez lubricante y dolor.

De todo mi odio, soló quedará un silencio,
y de mi boca se cerrarán todas las llagas,
coseré yo misma mi vientre arrancado,
y recorreré yo sola la cocina y el subsuelo,
para buscar lo que quede de mi entraña.

Más allá del filo, aún con el cuerpo cosido,
volveré a ser mía, salvaje y fértil,
mantendré mi humedad por las noches,
así como el brillo plateado en la mañana,
mantendré mis espinas, apuntalandome el corazón,
y volveré a saltar sobre los labios del océano,
allí donde ya no puedas seguirme,
allí donde se rompan tus redes,
y encuentre un refugio,
donde enterrarnos a los dos.

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