martes, 18 de abril de 2017

El palo se alza,
y nos agarramos a él como si pudiéramos devorar su porte erecto.

En el intento, lo aguijoneamos con prisa,
lanzamos nuestros nervios como una soga,
intentando llegar, tirar aún más alto, más intenso,
estriando el fuelle y quemando el aliento.

Pero aun así pesamos demasiado.

La carne que nos atrapa, amontonadas,
forma una colina sobre la que otros se asentaron,
marcaron sus lindes tirando cuerda desde el palo,
criando a sus hijos redondos y rosados,
alimentados del fruto de nuestro cuerpo arado.

Nosotras, envenenamos el fruto del manzano
y agrietamos la leche de sus madres,
dimos cobijo a las ratas y cebo para gusanos y cucarachas,
pero sin ser suficiente.

Aún paríamos flores cuando intentábamos alzarnos,
romper su asfalto y derribar sus casas seguía sin asustarlos,
aún tenían el palo bien clavado, aun nos dolía demasiado,
cuando nos removían las entrañas.

jueves, 13 de abril de 2017

Si te preguntan,
diles que me quedé embotando el filo de mi navaja,
pelando manzanas y grabando piedras,
que si no me encuentran es por no buscarme,
en las grietas de la ciudad o entre la luz de la mañana,
y diles que para el día en que me necesiten,
estaré entre los primeros, pero que no, que nunca más,
me pidan más de lo que mi bazo pueda aguantarlo,
ni más de lo que una madre haría por su hijo,
que no digan de mí, que no fui de los suyos,
si nunca he sido de nadie,
y que no esperen que pueda, fundir mi cuerpo,
ni sacrificar aquellas cosas que a sí se pertenecen,
pero no a mí.