domingo, 16 de octubre de 2016

Por un momento de calma,
cuantas cosas quemaría,
Oh Zeus, tú que no mides,
que no te dignas en preguntar,
¿Acaso mis sacrificios no bastan?
O quizás fuiste al fin vencido,
por el más caprichoso y vil,
de los dioses, y mis rezos caen,
sobre un retablo vacío.

Oh Azar, tú que juegas y ríes,
¿cómo puedo adorarte?
si tus regalos y voluntad,
me confunden y perturban,
y no soy más que un mortal,
deseando acoger tu sino,
como una paloma,
ahogada en un granero,
o como un flamenco,
perdido en un cenagal.

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