domingo, 16 de octubre de 2016

Por un momento de calma,
cuantas cosas quemaría,
Oh Zeus, tú que no mides,
que no te dignas en preguntar,
¿Acaso mis sacrificios no bastan?
O quizás fuiste al fin vencido,
por el más caprichoso y vil,
de los dioses, y mis rezos caen,
sobre un retablo vacío.

Oh Azar, tú que juegas y ríes,
¿cómo puedo adorarte?
si tus regalos y voluntad,
me confunden y perturban,
y no soy más que un mortal,
deseando acoger tu sino,
como una paloma,
ahogada en un granero,
o como un flamenco,
perdido en un cenagal.

lunes, 10 de octubre de 2016

El nervio de la mañana torna en angustia a la noche,
la angustia en la noche torna en cansancio a la mañana,
el cansancio en la mañana torna en pesar a la noche,
el pesar en la noche torna en desasosiego a la mañana,
el desasosiego en la mañana torna en insomnio a la noche,
y el insomnio a la noche torna en nervio a la mañana.

domingo, 9 de octubre de 2016

Una vez la luz callada,
nos volveremos, dice, realistas,
mediocres y astutos,
dice, sin perdón,
quien deja su mano abandonada,
por su cerrazón materialista.

La fe que ha perdido,
no ofrece ningún consuelo,
y quiere hacernos huir,
visitar su casa y acogernos
estremecidos,
para justificar su miedo.

Pero de tantas palabras pendientes
que aún quedan disueltas y aquejadas,
es difícil deducir un final,
no así, decimos,
pues aun darían su abrazo, si llega,
para cualquiera de nosotros,
para cualquiera,
que las quiera retomar.

viernes, 7 de octubre de 2016

Cualquiera podría cargar con el peso del cielo; no era la férrea voluntad o el esfuerzo lo que honraba al titán, sino la característica sublime de sus huesos, que no se quebraban, de sus tendones, que no se hinchaban, y de su corazón, que no colapsaba.
Podríamos decir, que no es voluntad lo que nos falta, pero que a menudo nuestras intenciones superan las limitaciones fatales del cuerpo. Podríamos decir, a la vez, que sin embargo no por ello con poco nos es suficiente, y que ciertas derrotas, en cada día, no muestran más que una cobardía moral.
Pero habríamos de tener, por seguro, que nada se puede en soledad, que más sufrimiento que pasión se bebe del orgullo, y que el tiempo es la primera condición; pues aún con nuestras vísceras y nuestro sudor, nuestro ánimo más se parece a un árbol, que a un león.