lunes, 9 de mayo de 2016

Podrías darme más de lo que soy,
más de lo que merezco y de lo que nunca te he dado,
podrías por mí, abrir un surco en el cielo,
así como hicimos zanjas al andar, en el barro,
y en la roca por igual.

Podrías levantarme de mi sueño y mi anhelo,
pausar el nervio de mi corazón y disipar mis miedos,
darías lo que fuera, si no lo hubieras dado todo ya,
por romper con una flecha mi fondo impenetrable.

Si de cuanto hemos sido quedase una sola gota,
que no se hubiera disuelto en la arena,
si de cuanto sufrimos aún se pudiera recordar,
la caricia en la lluvia, la sal en las botas o el rugido del mar.

Pero seguimos adelante, sin saber cómo, sin haber aprendido,
pequeños ante un mundo que ha crecido más allá de nosotros,
y que no podemos abarcar, que respira y tiembla por su cuenta,
del que ya no sabemos de dónde ni cómo, o qué podemos esperar.

Dirás que hemos medrado, cómo quien aprende a besar el suelo,
para envejecer juntos, sin que hubiera un palmo de cobijo,
ni en nuestras huesudas manos, ni en las arrugas que acumulamos,
ni en el peso, ruinoso y adusto, de nuestra torpe esperanza.

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