lunes, 28 de marzo de 2016


No será por la falta de un horizonte,
no será, en realidad, por el peso,
inperturbable, insoportable, infranqueable,
del simple devenir ahogado, del día,
y de la noche insomne, no será,
recuerden, por el miedo o la necesidad,
la fragilidad que afilamos como escarpia,
como un cuchillo que apunta, que depende,
de quien tanto quisimos amar, no será,
tampoco e insisto, por las dificultades,
el pensamiento anubarrado y confuso,
el paso renqueante y el añublo infecto,
del poso que ensucia en negro el corazón.

No será, porque tanta carga no es apenas suficiente,
porque quien quiere decirse aún puede y sabe,
que no hay fondo alguno en que se guarde un tesoro,
ni trampa en que ahogarse, ni pozo, ni hondura,
sino que tanto y cuanto más se vive, a flor de piel,
es un todavía, en cada instante que se pierde y a la vez,
el tiempo nunca nos abandona, sino que vuelve,
vuelve un día y a los años para recordarnos que incluso,
nuestras peores desiciones son laxas,
nuestro destino un juguete, y la fatalidad,
la consciencia finita de nuestras propias vidas,
es la oportunidad más bella a la que pudieramos abrazarnos,
para darnos el beso, por un momento, de alcanzar la paz.

No será así, al fin el final, por el poco alcance de nuestra huida,
y la inmensidad del mundo que habitamos, el viento y el oleaje,
que nos llevará allí donde nunca supimos encontrarnos,
al que habremos de dar las gracias, a nuestra impotencia,
y a nuestro fracaso, a la ocasión de dar un salto, descompuestos,
y desbrozados, enlazarnos, en las tripas del dragón.

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