lunes, 28 de marzo de 2016


No será por la falta de un horizonte,
no será, en realidad, por el peso,
inperturbable, insoportable, infranqueable,
del simple devenir ahogado, del día,
y de la noche insomne, no será,
recuerden, por el miedo o la necesidad,
la fragilidad que afilamos como escarpia,
como un cuchillo que apunta, que depende,
de quien tanto quisimos amar, no será,
tampoco e insisto, por las dificultades,
el pensamiento anubarrado y confuso,
el paso renqueante y el añublo infecto,
del poso que ensucia en negro el corazón.

No será, porque tanta carga no es apenas suficiente,
porque quien quiere decirse aún puede y sabe,
que no hay fondo alguno en que se guarde un tesoro,
ni trampa en que ahogarse, ni pozo, ni hondura,
sino que tanto y cuanto más se vive, a flor de piel,
es un todavía, en cada instante que se pierde y a la vez,
el tiempo nunca nos abandona, sino que vuelve,
vuelve un día y a los años para recordarnos que incluso,
nuestras peores desiciones son laxas,
nuestro destino un juguete, y la fatalidad,
la consciencia finita de nuestras propias vidas,
es la oportunidad más bella a la que pudieramos abrazarnos,
para darnos el beso, por un momento, de alcanzar la paz.

No será así, al fin el final, por el poco alcance de nuestra huida,
y la inmensidad del mundo que habitamos, el viento y el oleaje,
que nos llevará allí donde nunca supimos encontrarnos,
al que habremos de dar las gracias, a nuestra impotencia,
y a nuestro fracaso, a la ocasión de dar un salto, descompuestos,
y desbrozados, enlazarnos, en las tripas del dragón.

viernes, 18 de marzo de 2016

Que mi fragilidad sea virtud, y mi piel permeable,
que no se endurezca, que permanezca suave y abierta,
que sean vanos mis recelos, enclenque mi venganza,
que nada en mi pueda temerse, que sea tan leve,
tan tan liviano, que nada en mi suponga esfuerzo.

Acojan mis manos, perdonen mi angustia y permanezca siempre,
siempre siempre, en los corazones de tantos que he amado,
que no engañen mis recuerdos, no retuerza mi memoria,
se disuelva mi orgullo, y me lleven desnudo y soleado,
más allá de donde el miedo pueda alcanzarme, más allá de mi,
y de los muros de mi espanto, se quiebre, así como yo me he quebrado.

domingo, 13 de marzo de 2016

Los he visto,
quienes vivieron la fe,
quienes se invadieron de ella
delirando, embriagados, ciegos.

He visto como la locura les poseía,
abandonando su razón, sus criterios,
como se trasformaban en instrumentos
de sus propias ficciones colectivas.

Los he visto orar, llorar devotos,
componer hermosas canciones,
armoniosos y enérgicos bailes, he visto
y por un momento también hubiera creído.

Si hubiera bastado el poder de una sola noche,
si el tiempo no pusiera tantas exigencias inmediatas,
si no fuera que vivimos ansiosos y aterrorizados,
ajenos a la belleza y provecho del presente.

Pero finalmente, los he visto caer uno a uno,
hesitantes del valor de sus propias pasiones,
confusos y seducidos por el marco de la cordura,
hasta creer que egresarían así de sus dudas.

Como quien roba la vida a quien se ama,
como quién sacrifica a su hermano para salvarse,
como quien prefirió la traición a la tortura,
como quien dolorosamente vio morir su esperanza.

Y he visto también la vergüenza,
el arrepentimiento de su amor, sus sueños,
la aceptación de la verdad como una derrota,
como la luz de un sol pálido y muerto.

He visto como no han hecho más que vagar,
desde entonces, perdidos, sin ningún propósito ni lugar,
en la historia, en un tiempo sin memoria ni proyección,
hasta quedar rendidos y podridos en la indiferencia.