domingo, 28 de febrero de 2016

El alma se retuerce en la pobreza,
la incertidumbre agrieta la piel,
rebana los sueños,
quiebra la firmeza de los huesos
y alimenta el miedo,
consumiendo la luz.

La voluntad se agota en la pobreza,
la sangre se descompone,
palidece y brota ausente
en lágrimas de frustración
en silencios ahogados,
e inútil desesperación.

La mente se ciega en la pobreza,
el consuelo se vuelve tembloroso,
languidece patética la voz,
los cuerpos se vuelven fríos y distantes,
la alegría se deshace
y el olvido se convierte en adicción.

No hay paz para quien vive en la pobreza,
tortura que corrompe los sentidos,
madre infecta de odio y rencor,
convierte a sus hijos en salvajes,
enseña a portar un cuchillo entre los dientes,
y a nunca soltarlo, ni para decir que No.

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