sábado, 8 de agosto de 2015

La felicidad en general como objetivo está sobrevalorada; la tendencia natural es a la mayor eficiencia y pronto se llega a pensar que la idiotez y el egoísmo son la causa más pronta de la felicidad, con lo cual, lo más común es que la búsqueda de la felicidad nos lleve por senderos miserables y escapadas ruines. En su contra no pondría el sentido del deber ni el esfuerzo de los mártires, huir de la felicidad no deja de ser un tipo de goce cargado de frustración y rencores. Pondría quizás una exaltación de las pasiones, tanto las terrenales como los propósitos históricos, muy a cuenta del dolor que conllevan si se pretende vivirlas con honestidad, y los efectos dañinos de sus fracasos. Y no por algún tipo de veneración a la vida en sí, sino sencillamente al valor y el compromiso, y no por un sentido moral, sino más bien por respeto al paladar y a la diferencia clara entre la pureza, sucia y abrupta, y la apariencia, tan suave e intragable como el terciopelo.

sábado, 1 de agosto de 2015

Tenerme a ti, no nos hubiera sobrevivido,
cabe decirse, estabas segura, vigente,
en cada una de las puertas que no me dejaste,
que cruzara, que salvase de ti, ni cargar contigo.

Tenerme a ti, bien podría haberte agotado,
como pesa el recelo imperativo de los demás,
bien podría, habernos enfrentado, ausentes,
de cuantas cosas no nos pudimos demostrar.

Pero quien fuera tan raudo para escaparse,
de esta búsqueda que nos mantiene distantes,
tú que tanto has encontrado en los caminos,
y yo que no sé desgajar pasado y presente.

Surcaré, cual golondrina en la mañana,
el recuerdo de tu reposo y su sonrisa,
tus ojos curiosos, mi confusión constante,
como si de una bendición se tratase.

Y dibujaré, en las leyes pesadas de mi mente,
un garabato caótico, un atrevimiento sagaz,
para que su poder poco a poco se desvanezca,
para que puedas verme, si nos volvemos a encontrar.