jueves, 30 de julio de 2015


Pretendías que hubiese bebido,
del fulgor de tu sangre hundido en la tormenta,
que su sabor rasgado y su filo aullante,
no hubiera abierto mi piel en canal.

Pretendías que desde la altura del abismo me lanzara,
en vez de esconderme en los suburbios de mi ser,
como si no emanase un cruento terror, un desgarro,
del infierno alado de tu vientre.

Como si no fuera una provocación furiosa,
contra el anzuelo del destino y su reposo,
como si no fuera imposible con un martillo,
golpear el celo orgulloso de la mediocridad.


Sabrás quel cielo que recorrí con mi lengua,
fue preso de la fuerza de tu voluntad,
sabré que la misma llave podrías mostrarme,
camino de mi funeral.

Pero de tu cuello logré robar una gota de agua,
que esconderé entre los espectros de mis huesos,
para volver a nacer, cuando nada quede de mí,
disuelto entre tus dedos.

viernes, 3 de julio de 2015

La mujer en el patriarcado puede ser víctima de su buena voluntad en circunstancias trágicas, pero también podemos llamar victima al hombre, víctima de sí mismo, de su ser-un-hombre; incapaz de amar y de estar condenado a que tanto por su posición como por su abyecta sensibilidad no pueda más que generar sufrimiento contra quien se esforzase en amarlo. El sufrimiento del hombre no es social, de hecho ni siquiera es consciente de ello, ni siquiera está capacitado para sufrirlo, es un sufrimiento que está directamente enraizado en su ser-quién-es, en cómo ha sido construido y además, siendo que todo lo que la sociedad llama bueno apunta hacia él, más difícilmente aún puede ser consciente de su desgracia.

jueves, 2 de julio de 2015

Si hasta ahora hemos hablado de fuerza,
habríamos de hablar de debilidad.
Si hasta ahora hemos hablado de egoísmo,
habríamos de hablar de empatía.
Si hasta ahora hemos hablado de fortaleza,
habríamos de habar de ternura.
Si hasta ahora hemos hablado de convicción,
habríamos hablar de duda.
Si hasta ahora hemos hablado de orgullo,
habríamos de hablar de humildad.
Si hasta ahora hemos hablado de intransigencia,
habríamos de hablar de piedad.
Si hasta ahora hemos hablado de virtud,
habríamos hablar de mediocridad.
Si hasta ahora hemos hablado de orden,
habríamos de hablar de perdón.
Si hasta ahora hemos hablado de ideal,
habríamos de hablar de convergencia.
Si hasta ahora hemos hablado de exigencia,
habríamos de hablar de amor.