martes, 28 de abril de 2015

Todo el mundo tiene razones para odiarse, por eso cualquier ápice de buena voluntad, cualquier pretensión de amistad debería ser acogido. La humanidad no se asienta sobre la reparación de los agravios sino sobre la transigencia y la misericordia, por eso todo amor es trágico, por eso todo orgullo induce a la soledad.

lunes, 27 de abril de 2015

Hoy tengo un no sé qué,
que yo no sé qué es,
que está, permanece y seguirá siendo,
mientras quede algo que pueda ser,
aunque nunca llegue a haber sido.

Los cantos que ayer siguieron,
a las noches de la caída, el hastío,
la insoportable vaguedad del silencio,
ante los crímenes y el sarcasmo,
contra nosotros, vencidos.

Los pasos clavados, hundiéndose,
en las cunetas de los caminos,
en las marcas imborrables, en el granito,
en la memoria de los viejos que vieron,
sus padres muriendo voz en alto,
corazón bravo en la derrota.

Los vientos del norte, del oeste,
cabalgan con el recuerdo de un abrazo,
y la sequedad de las flores, los cantos,
ajados en el exilio y los cajones secretos,
colmados de fotografías y llantos.

Cuál será este murmullo que me late,
que tan fácil se confunde con el ruido,
pronto desaparece y a la vez,
siempre reniega de haberse ido,
como si de la propia tierra se agitasen,
los humores de cuantos se han batido,
y no lograsen descansar.

miércoles, 22 de abril de 2015

Alegría o tristeza no dependen más de la correcta o ineficiente estructura mental que hayamos logrado construir para hacernos el tiempo habitable; la cuestión no es preguntarse si somos felices o no, en realidad tal es un conocimiento que está siempre más allá de nosotros, pero eso no quita que al mismo tiempo en que nos encontremos flotando a la deriva puedan acontecer ante nosotros pequeños destellos de belleza, siempre que estemos dispuestos a alargar los brazos.

La satisfacción personal, esa cosa extraña y a menudo caprichosa va siempre de otro lado, algo que es mejor precisamente por esto dejar de lado y no ocuparse de ello más que como efecto secundario del afecto a los demás, ya que por mucho que nos pongamos uno nunca es suficiente y la extrañeza de los otros siempre es mucho más sugerente que el más plácido de nuestros placeres personales.
Quizás unos pocos escapen mientras les quede aliento,
los demás habremos de refugiarnos entre nanas y arrullos,
con la esperanza de que no se nos quiebre la voz antes que la cordura.

sábado, 11 de abril de 2015

El cielo sobre tu cabeza y la voz en tu interior.


No valen de nada, nuestras fuerzas,
la corona que hicimos con el rastro que dejaron,
las aves de paso, el eco y el calor contenido,
entre las manos, entre los senderos hoyados de la memoria,
en la piel aplacada y desgastada a la vez,
por la canícula y su hilarante alborozo.

No valen de nada, nuestros los sueños, la ilusión,
por más que cada mañana una bendición nos responda,
nos calme con su silencio de la ansiedad nocturna, el aguante,
el deseo de que algo termine pasando y a la vez,
de que no sea el final del día, de cuanto pudimos haber sido,
del miedo irracional a que algo en nosotros muera en la noche.

No valen de nada nuestras promesas, tanto deseo,
una y otra y otra vez, aun sabiendo lo patéticos que somos,
ocultándonos entre nosotros las inquietudes de nuestra miserable sonrisa,
por más que una y otra vez algo inmanente permanezca incorruptible,
de qué nos sirve si ni siquiera podemos comprender por qué,
por qué no nos rendimos, por qué seguimos buscando una salida,
por qué estamos vivos, si tragamos tanto ruido, ahogamos tanto dolor,
contenemos tanto la respiración que nada explica que aún nos quede aliento.

A la vez, envolviendo las planicies del corazón todo se mantiene suspendido,
revolviéndose en el caos pierden la solera por igual todas las gracias y anhelos,
tal que no es extraño sentir que si sus vientos furiosos se agotaran,
si cesara el relámpago de la sangre que con tanta ansiedad y angustia nos premia,
y si el sosiego que tanto necesitamos, la dulce calma a nuestra inquietud,
finalmente disolviera las nubes negras, dispersara la tormenta,
irían cayendo una a una con ella, en una lluvia gris, nuestros valores y esperanzas,
nuestras pasiones y miedos descendiendo sobre la tierra, como es su lugar natural,
dejarían sólo el desasosiego blanco, el vacío, de cuando no hay nada que esperar.

Si fuera por nosotros, no valdría de nada,
porque todo aquello que conseguimos nombrar;
las despreciables razones que alcanzamos a comprender, apenas tristes,
apenas confortables, apenas un palmo menos miserables,
de lo que conseguimos vernos en el mejor de nuestros días,
las siempre deficientes glorias de las que nos jactamos,
de ser un algo más que mortales, ya bien son siempre insuficientes,
ya bien se agotan irremediablemente bajo el amparo del sol.

Porque todo lo que cabe en nosotros, es siempre menos que nosotros,
porque todo aquello que abarcamos y no se nos escapa,
no es nunca razón para seguir viviendo.