martes, 31 de marzo de 2015

Vida y pensamiento son cosas que es mejor mantener bien separadas; intentar ser coherentes es siempre una mala idea, puesto que ya bien acabamos pensando como vivimos, determinando nuestra forma de pensar y nuestras ideas como simple sistema de justificación de la vida que tenemos, lo cual además de jodernos cualquier posibilidad de tener alguna idea que valga la pena convierte la supervivencia en una prisión ideológica, o ya bien, viviendo tal y como pensamos, convirtiendo nuestra vida en poco más quel siempre fracasado intento de reproducción de unos valores que por más que siempre nos quedemos lejos de lograrlos de forma satisfactoria no por ello llegan a ser algo verdaderamente interesante, cerrando las puertas a todo aquello en consecuencia que está más allá de nosotros y que en fin hacen la vida algo que se pueda disfrutar con verdadero interés.