domingo, 28 de diciembre de 2014

24 de Diciembre.

El silencio, nos convierte a todos en muertos antes de tiempo,
nos condena a una barbarie solitaria, de un cuerpo que ha caído.
No somos nada, y el agua que cae que inunda esta tierra,
lo hace, como la bestia que espera colgada de un alambre,
a ser desmembrada antes de la cena de navidad.

El tiempo es frío, las personas caminan ausentes,
buscando un poco de consuelo en aquellos objetos luminosos,
quieren ser amados, quieren ser queridos y así piensan,
que con esos cachivaches inútiles podrán estar un poquito más cerca
un poquito más lejos, de su funesta soledad.

La ciudad; es fría, el agua; es fría, la tierra; es fría
y yacen muchos a su vez,
mirando las aguas que caen del cielo,
mirando la lluvia, no tienen un techo,
ni un lugar donde ir;
Esta tierra los ha acogido a todos
como una madre acoge a los cerdos
que va a degollar después.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Pocas cosas pueden ser tan desoladoras como la percepción,
de la vacua escapatoria del tiempo cuando deja caer todo su peso,
cuando invoca un silencio suficiente para que por un momento,
podamos tener el miedo de escucharnos el corazón y el sosiego,
con que huimos mediante la distracción y el entretenimiento ciego,
del reconocimiento y el amor sincero que nunca aprendimos a dar
En el fondo lo sabemos, por tal cosa pronto nos negamos y recelamos,
el muro y la frialdad son el reflejo viviente, el resultado contenido,
de tantos daños , desprecios y engaños, siempre huyendo sin lograr,
que por un momento no nos carcoma el desamparo y ocultarlo,
por más que tanto necesitemos el consuelo, la caricia y la piedad,
más pronto consideramos indignos a los demás, más pronto que tarde,
a todos nos alcanza la soledad.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Que os demore la frialdad de estas gotas,
es natural, pequeños niños,
estas marcas de agua en las mejillas, en la garganta,
son por tanto amor perdido, tanta ilusión en la cuneta,
tantas ganas de haber vivido.

Al veros tan pequeños e ilusos, quemados,
no os debéis acusar, queridos,
fue el extenuante sol, la ansiedad de la noche,
no sois culpables en realidad,
por haber perdido vuestro brillo.

Yo sé, que cada año que pasa,
las promesas que os hicieron,
se vuelven más lejanas, livianas,
como un sueño, apenas ya un deseo,
traicionero, colmado de espinas,
que duelen,
tan siquiera con atrevérselo a pensar.

Yo sé también, que no quisisteis demostrar esta rabia,
sé, que cuando rasgasteis el velo de vuestra niñez,
aquel funesto día en que tuvisteis de demostrar,
que dabais más miedo que los demás,
que erais grandes, que no os podían achatar,
en realidad llorabais por dentro,
que hasta ahora no habéis dejado de llorar.

En vuestras manos agrietadas, vuestros cuellos nudosos,
pensáis que ya no queda nada más, que ya conocéis,
lo que es vivir, lo que es sufrir, lo que fue amar,
pensáis que vuestra vida se resume tan solo,
a la frustración de cuanto habéis sido participes,
que ya no hay lugar, que es síntoma de funesta crueldad,
hablaros de un futuro hermoso.

No seré yo quién lo niegue,
no seré yo el consuelo que siempre rechazaríais,
la calma que no soportáis, el flagelo,
de la violenta dignidad no viene de mi mano,
a pesar de la suciedad imborrable,
a pesar de lo surcos y los cortes,
el lastre y la pesadumbre,
por más que os venga buscando,
en lo profundo del lodazal, del asfalto
y la pasiva luz de una pantalla.

No esperéis mis chiquillos,
en mi no encontrareis paz,
por más que finalmente os alcance,
habréis de ser vosotros, y no la muerte,
quién os saque de este trance,
este aguante sin final.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Me dijeron que era de agua, pero en la gruta más profunda el pez que hunde la torre emana un calor infernal.