martes, 20 de mayo de 2014

Saber que no eres parte de mí.
Saber que desde que te conocí ya no puedo serlo para más nadie.
Saber que debo seguir tus pasos pero más allá de ti,
más allá por ser como tú, reflejo de todo lo amado.
Saber que en realidad solo podré satisfacer este anhelo convirtiéndome en pájaro,
como tú lo eres, ya que nunca podré tenerte y no me queda más que ser yo mismo,
todo lo que deseo de ti.

sábado, 17 de mayo de 2014

Decirte,
que por más que tanto tiempo fue suficiente,
que por más que me valió mirarte a lo más profundo,
ya no soy yo, ni soy el mismo, ni queda en mi,
cuanto quise creer, que era,
bajo el orgulloso control,
de mi fe.

Somos ya, más de cada uno,
del otro, de lo que nunca fuimos y a la vez,
profundamente aislados, extraños
más solos que nunca desde el día en nos hicimos vulnerables,
más parecidos y sin embargo,
semejantes, no podemos encontrarnos.

No me busques más,
ni yo mismo puedo encontrarme ahora,
ni yo mismo, pudiera,
soportar el yugo de mi existencia,
de mis obligaciones, mis propios deseos,
que más me parecen el eco de una vida pasada,
de un ser extraño al que me viera rindiendo homenaje
por toda la vida que me ha dado, pero que ya nunca más,
me pertenece.

Perdóname,
porque agoté todas mis fuerzas en haberte querido,
por la insultante semejanza de mi rostro, de mi voz,
con aquel que alguna vez amaste, con aquel…
capaz de recoger en las mismas gotas,
el sudor de las flores salvajes, el llanto,
apenas susurrante, de las que mueren al amparo del sol.

jueves, 15 de mayo de 2014

Resguardado,
a un solo paso ya,
quizás,
de la última huida.

No quisiste hacerte nunca,
tan viejo y a la vez,
te sientes ya cansado,
tan pronto pero,
no es tanto lo que te queda,
esperar.

Estas horas son las primeras,
por más que parezcan las de siempre,
es un espejismo, quisieras,
y te sumerges en tus recuerdos,
pensando que no podría pasarte,
como nunca ha pasado,
en ti.

Pero ya no te queda,
¿verdad? Tiempo,
desde aquí todo se acelera y cuando salga el sol,
sabrás que esta fue la última noche,
en que nos volvimos a ver.

Más allá, el alma queda muy muy lejos,
tendrás que ir a buscarla, y tendrás,
como no has tenido nunca,
ganas de haber nacido.

sábado, 10 de mayo de 2014

Nunca supe escribir canciones de amor,
nunca supe, en realidad, amar mejor que cualquiera,
ni soportar el golpe del pecho cuando tiembla,
mi semblante apagado, mi boca hambrienta, mi dolor oculto.

Mi fortaleza, yace en las profundidad de un abismo estrellado,
contra las cuerdas del tiempo, contra el huracán salvaje,
que gotea y cala con su negro aceite los espasmos de mi piel,
cuando recuerda, cada uno de los besos que me fueron devorando.
Todo lo que he hecho, lo que me define, es un amor natural,
por todo aquello que logró dominarme y expulsarme,
por todo aquello que me ofrecía el sendero a la destrucción,
el derribo una y otra vez de cada reposo, cada flor artificial.

He amado la locura y la incertidumbre, la pasión y la furia,
muy por encima de lo que jamás pude resistirlo,
he amado el vuelo poderoso del dragón cuando arrastra,
implacable el cobijo terroso en que las alimañas se cobijan,
he amado el rugido embravecido del mar cuando derrumba,
orgulloso el torreón en que los hombres guardan su fuego,
he amado, también, las caricias que cortaron mi espalda,
dejando mi carne desollada y expuesta al impacto generoso,
de un sol que nunca toleró mis sueños.

Encontrarme a mi, es una danza a muerte con el destino,
es tomar la hoz de Saturno para declarar la guerra,
a los cielos, a las ciudades por igual, morir cada vez,
y retornar del cementerio revestido de sudores ausentes,
y una melodía, que cada vez que sangra suena más viva.
Encontrarme a mi, es un ruego por el incendio de mi alma,
es la consciencia de que entre las brasas, soy, más que fuera,
cuando pretendo asemejarme a los placeres de otro mortal,
y sé, que nadie podría acompañarme mientras condene,
una y otra vez a los demonios que me han gobernado,
a consolarme una y otra vez el llanto, cuando los pretendo liberar.

viernes, 9 de mayo de 2014

Mis palabras fueron navajas,
la tierra se abría para encerrar mis pasos,
el gélido viento arrancó el amuleto que lucía entre la nieve.

Todo lo que decía, todo,
estaba envuelto en una trampa,
entre espinas que envenenaron mi poesía,
con un lamento, un ruego desolado.

Seguía soñando,
y entre espasmos susurraba tu nombre alado.
Sálvame del miedo, terror de ver mis huesos,
terror de portarlos en mi.

Tus manos me callaron,
no fueras nunca más cadena,
raíz abrazando mis muñecas y tobillos por igual.

Sol de invierno,
quemaste mis párpados con tu piel morena,
azotaste con tu fuego mi madriguera,
mi refugio contra los sismos del tiempo.

En la madrugada, sudando y con los ojos hinchados,
me despierto en la intemperie,
en la cima de una reja hay un nido de cuervos,
sobre la otra escombrera reposa una flor turquesa,
y el aroma de tu vuelo acaricia mis brazos desde lejos.

Hacía dónde, con esta bendición,
encaramar mi espectro,
hacía dónde, amor sincero,
donde me encuentro.

jueves, 8 de mayo de 2014

¿He vivido quizás demasiado? Quemado cada momento, experimentado demasiado deprisa como para que mi cuerpo y mi alma no se resintiera.

Han sido tantas, tan rápidas e intensas y en demasiados casos fugaces mi experiencias que llegado este momento sufro ya con el placer ante el miedo, la consciencia de su perdida, de cómo me sentiré una vez haya pasado.

Veo en mi, y a mi alrededor una vida devastada y busco y busco entre las miles de frases que componen el cuero de mi corazón una clave, una sabiduría que destilada de cuantos dolores he sufrido me ayudase ahora, me marcase un camino, me enseñase.

Pero son demasiadas y constantemente la ansiedad supera mis efímeros intentos, vivo buscando una salvación en los demás, no en mi, y de lo que mi queda es tan amplio, tan cambiante y múltiple que muchas veces me pregunto si yo mismo puedo llegar a conocerme, si con un golpe en los cimientos quebrase el siroco de mi alma y cayesen todos los espectros quen dan vida a mi semblante, quebrados en perfecta armonía, sería la colina rocosa de mi tumba o una atalaya que sobresaliese entre la bruma.

martes, 6 de mayo de 2014

El amor que nos queda,
se dispersa en mi garganta,
secándose, ralo y pálido,
ante el cálido semblante
de un sol moribundo.

El tiempo que nos separa,
carcome el barniz dorado,
de los frutos prometidos,
desgajando a cada hora,
cada sello en su memoria.

Permaneces en mi,
atravesando mis huesos,
con una sombra constante,
y la pesadumbre,
de la juventud perdida.

No me mires más,
cuando me observo,
con esos ojos perdidos en el horizonte,
todo lo que te he dado,
fue demasiado,
y para siempre,
todo lo que te he dado,
te pertenece y no volveré a recuperarlo,
déjame, destino,
tejedor de mi muerte.

Déjame, flagelo de mis anhelos,
déjame, espina en mis caricias,
quiébrate, espanto.
y déjame esta aurora entre los dientes,
es mi aliento esta niebla en la mañana.
el rocío bebe de la tensión de mi cuerpo,
supuran fuego las llagas de mi boca,
su luz, dolida, inconclusa y triste,
me es suficiente.