martes, 11 de marzo de 2014

Desamor

De lo que de mí ha quedado,
es apenas un rumor, un reflejo,
pues tanto y todo mi tiempo había dado
habíame dado… Y acostumbrado a dar,
que todo lo que era, en mis sueños,
mis esfuerzos, te lo has llevado.

El ego es la solución al desamor,
dicen,
pero ya lo he aprendido muchas veces,
que al final uno nunca es suficiente,
cuando vive con anisas de amar,
y quien no, es un monstruo,
los muchos, a mi alrededor.

Podría haber sido cualquiera,
y yo hubiera sido el mismo,
habría dado tanto o más,
fuéramos convenientes o no,
es algo que no debía importarnos.

Se ama, lo que se puede,
a quién quiere amar,
y ser amado.
Los pocos, en realidad,
con el tiempo más exigentes,
desconfiados, traumatizados,
¿qué importa?
¿No es acaso la pasión suficiente?

No es, quizás, suficiente...
pero la ilusión es siempre traicionera
y yo quise vivir sin sus riesgos,
vivir de lo que tenía, con su dolor,
sus defectos, vivir en la tierra,
no en cielo, en el cuerpo,
vivir en ti, mi anhelo.

Pero no era suficiente,
demasiado tarde, quizás,
demasiado grande para repararlo,
demasiado tuyo, para dar más de mi.
Demasiado, demasiadas veces,
como para repetirlo.