jueves, 12 de diciembre de 2013

Quién fuera este rasguño en la mañana,
este garfio quel sol arrastra,
que desgarra lo que habíase unido en la noche;
sueños que no deben ser interrumpidos,
cuerpos que necesitan reposo,
gentes que merecen un tiempo inabarcable,
enamorados, en quienes habita la promesa de un mundo amable.

Para con las mismas zarzas,
cruzar entre sus espinas las altas torres de la ciudad,
sus ríos quebrados y sedientos,
negros,
enmarañar entre la raigambre de la oscuridad a reyes,
vasallos, traidores, la furia del poderoso,
y que en el alzarse solar,
fuesen arrastrados por el peso del nuevo día,
dejando en su lugar quienes hoy vagan sesgados,
ciegos por senderos que dejaron quienes murieron antes.

Quién fuera esta navaja,
que con su filo dibujase un horizonte en el cuello de cuantos nos apresan,
y que en el silencio de sus gargantas,
cortadas,
supiéramos que al fin que ya podemos descansar,
porque ha llegado el alba.