domingo, 10 de noviembre de 2013

-Creo que vives en la cumbre de una montaña que tú mismo has construido, creyendo que te permitiría respirar arriba un aire más puro, pero no contaste con que ahí arriba el oxígeno es escaso y te puedes ahogar.

-Sí, creo que tienes razón, tendré que comer coca.

-O bajar a donde estamos el resto, pardillo.

-¿Y eso CÓMO se hace? estamos hablando de emociones, no se puede hacer una incidencia directa sobre estas ni modificar los deseos.

-Si eso fuera verdad, yo sería una suicida consumada, o sea, que a estas alturas igual ni sería.

-Tal y como están las cosas mucho hay que hacer para no suicidarse. La cuestión está en que tal fortaleza psicológica tiene un precio, unas condiciones y unas consecuencias, y de tales, muchas no son tan fáciles de asumir.

-Madre mía, Uriel .

-Sí, es un poco desesperante.

-No es.

-El conocimiento en general tiende a serlo.

-Es que pones el problema fuera de ti, y no se…

-No es que el mundo esté tan bien como para pensar que el maldito voy a ser yo, ahora bien, es poco práctico, pero en cualquier caso se trata de práctica; es decir, de "hacer algo", prefiero cargar con una ansiedad que vaya carcomiéndome el alma a renunciar a ella en pos de tener una mejor paz. Lo que hay que hacer es buscar lo que uno quiere, y no modificar su deseo en pos de lo que se tiene ¿No era así? Pero ay... Camino de dolor y frustración, también hay cierta satisfacción en ello, no te creas... Pero vamos, que esto es muy sencillo, que lo que quiero, lo quiero "absoluta e incondicionalmente”, toma ya, y hasta que no lo tenga voy a estar mal, y por estar así puede que lo esté la vida entera, pero bueno, ya lo tengo asumido, uno se acostumbra a la pesadumbre, como a la gravedad, al final es tonificante.

-Pero hay deseos que son dañinos, no por no hallar satisfacción, sino porque están errados, porque encubren necesidades perversas, porque apuntan a un irrealizable.

-Y en tal está la inmensa labor de la razón, ten en cuenta que deseos hay en todo, así como están en la ansiedad están en la conformidad, pues esta a su vez es un modo de buscar cierta satisfacción y nada nos asegura que sea el camino correcto, es posible que tal también sea el camino equivocado, puede que lo sea incluso más ¿cómo podemos saberlo? Conociendo, a nosotros mismos en primer lugar y aquello que nos comparte después. Piensa que no hay ninguna garantía, jamás, de que en cualquier cosa que hagas no haya una necesidad perversa, una obsesión enfermiza.

-Creo que no hay manera de saberlo racionalmente, pero a nivel emocional, cuando se ha tomado el camino adecuado, se tiene una especie de certeza que toma la forma de una calma que no es la del ignorante, sino la del que se sabe fuerte porque lo es.

-Sí, creo que sé a qué te refieres, es una especie de certeza, de intuición que se siente cuando uno "Sabe" que está en el buen camino. Pero no es tan fácil verla, pues requiere ser muy sincero con uno mismo el poder "sentirla de verdad" pues de esta hay mil fantasmas, los cuales se multiplican cuando esta intuición nos dice que estamos en el mal camino, y entonces sí que estamos jodidos para darnos cuenta de esta. Así pues requiere mucho "Conocimiento previo" sobre uno mismo, mucha sinceridad, y eso es trabajo de la razón, no digo que haya que estar constantemente cuestionándolo todo, quizás solo al principio, pero en el tiempo se va trazando un camino y cada vez requiere menos revisiones, aún así uno nunca puede estar "seguro del todo" y hay que mantener siempre un ojo avizor, los miedos, la necesidad es muy astuta y sabe siempre como jugárnosla cuando bajamos la guardia.

-Lo sé, lo sé. ¿Tú crees que estas capacitado para verla, o no?

-¿Yo? Uhm... Lo cierto es que creo que en este momento concreto puede que no, que la necesidad tiende a írseme de las manos, pero eso no significa que no haga por estar en el buen camino, ahora mismo no me importa tanto estar seguro de lo que quiero como darme a mí mismo las oportunidades de poder elegir lo que querer entre lo que me ofrece la vida y de las consecuencias de mi hacer, es decir: Estoy buscando, guiado por esta ansiedad intentando darme a mí mismo todas las oportunidades posibles sabiendo que estoy al filo de una necesidad que puede desbocarme y llevarme por un sendero decadente. En este momento procuro que sean mis luces las que programen mis actos, y a su vez en los mismos intento hacer una aplicación más o menos estricta, pues de cómo estoy, estoy tan mal, que solo emana un bloqueo y un abandono. Se puede decir que navego entre bruma, pero que aún puedo ver suficientes estrellas como para saber que debo ir hacia allá y no para acá, con intención de que una vez pase esta niebla pudiera ajustar mi rumbo. Pero sabiendo a la vez que si nunca pasa al menos me habré alejado suficiente de donde no quería estar y así al menos pensar que donde llegue no sería tan terrible... En un mar sin garantías.

domingo, 3 de noviembre de 2013

El camino está cortado, a un lado yacen un montón de escombros de piedras color tierra, toda la parte exterior de la pared se ha derrumbado dejando una carcasa de ladrillos hecha pedazos sobre el suelo y dejando al descubierto un muro que parece hecho de arena, arena que bien parece anhelar su lugar natural. Pero los efectos del tiempo parecen tener un carácter sagrado a este lado de la ciudad, su transcurso no debe ser perturbado y es por ello que en lugar de recoger los pedazos y cimentar las roturas se ha vallado la calle, dicen, que es porque es un camino peligroso, que el edificio se puede derrumbar pero quizás sea para que nuestras manos no interfieran y dejar así intacta la obra del tiempo. El tiempo, si miramos tras los escombros podemos verlo; a los bordes del camino han crecido yerbajos y helechos, sobre nuestras cabezas tras las carcasa hueca del edificio en ruinas asoma la frondosidad de un árbol a mitad del camino, camino que ya no es nuestro, que solo podemos contemplar, pero tiempo al tiempo, esa valla también caerá.