martes, 17 de septiembre de 2013

Cuando afirmé que el amor era una fuerza libertaria nunca imaginé que unida a la pulsión de muerte pudiéramos amar lo que nos destruye... Y es que... ¿Quién somos nosotros para decidir como construirnos, cómo podemos saber que realmente somos justos? No hay una medida porque no hay un dios, ¿es por eso por lo que lo que amamos debe destruirnos, para recordar esto, para seguir viviendo?

lunes, 16 de septiembre de 2013

En lo que refiere al espíritu (de cuyos efectos relativos acontecen las emociones), la independencia, así como la autosuficiencia al contrario de lo que suele afirmarse cuando se ha hecho una breve reflexión al respecto, y de acuerdo en cierto forma con el sentimentalismo común, no son rasgos de una voluntad fuerte, sino de una muy pequeña. Bien es cierto que en estos ámbitos nos encontramos una maraña de principios y causas entremezclada que hace muy difícil su estudio, pero una vez se captan ciertos hilos no hace falta más que ir tirando de ellos cuidadosamente para darse cuenta que si ya bien la independencia y la autoafirmación son condiciones necesarias de toda voluntad en un principio, marcadas por este signo después no pueden desarrollarse y que toda la potencia que sienten aquellos que están en este punto no es más que el fantasma de la potencialidad que en ellos habita y no una fuerza real, pues esta, en su desarrollo, necesitará alimentarse un poder mayor del que cualquier persona puede otorgarse a sí misma, necesitando así pues de los demás, teniendo que renunciar así a su autosuficiencia si tal pretende desarrollar realmente aquello que hubiera comenzado, así como la semilla de un diente de león es condición necesaria para nuestra realización buscar en vez primera nuestra autonomía en pos de encontrar el lugar preciso allí donde queramos situar nuestros proyecto, pero una vez esto ocurre no podemos más que fundirnos con la tierra que hayamos elegido si es que queremos ser algo más que una simple semilla.

Con respecto a esto es comprensible que los espíritus libres no quieran jamás perder su autonomía, sobre todo con la visión de tantos que jamás llegan a tenerla buscando siempre algo que les de la fuerza que nunca pudieron lograr, volviéndose seres dependientes, exigentes, perturbados y despreciables, pero es preciso comprender los procesos adecuados con que funcionan ciertas cosas, pues aquellos que se afianzan en su propio ser pronto se dan cuenta que su humanidad es un precio que deben pagar para conservarlo y, hecho esto, lo mismo da ser una santo que una bestia, al final todos acaban igual y no aportan nada a este mundo, ni a si mismos.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Si es verdad que el ser se afirma sobre su contrario, entonces el amor no es posible, pues este solo puede ser libre y a su vez no puede serlo más que en el desarrollo libre y absoluto de todas sus fuerzas, argumento que solo puede ser vivible si en la experiencia afirmamos que su realización lo fomenta más allá de las fronteras sobre las que establezcamos sus limites, sus adversos, tomando esta afirmación como forma de vida y alegrandonos y enorgulleciendonos cuando lo vemos acontecer, superando con esto las limitaciones que nuestra carne mortal nos apresa, y entonces así, envueltos en un infinito autoafirmado ser capaces de amar. Entendiendo pues que el ser se afirma sobre si mismo y que de sí crece y se multiplica, sin necesidad de otro que marque su fin y así su existencia, entendiendo su fin, realmente como final, como muerte, como destructor y no como fin definidor. Pero esta es una idea que comprender implica una capacidad superior a la humana, pues implica el entendimiento de infinidad de fuerzas enfrentadas constituyendo una realidad multiple, cambiante, caotica... Y nuestros sentidos no pueden abarcar tanto, solo podemos ver el uno y los muchos, la figura y el fondo, la tesis y la antitesis, el ser y su contrario. No digo con esto entonces que no seamos capaces de amar, afirmo que hay algo divino en nosotros.