domingo, 16 de junio de 2013

No caben en mi aquellos anhelos en que nos enseñaron a atenernos,
el fuego cálido de los cuerpos en que vertemos todo nuestro dolor,
la seguridad apasionada en que brotan la cobardía y el espanto,
a todo cuanto evidencie el apuntalamiento criminal, la prisión adornada,
todos aquellos deseos expuestos de cuanto antes y por más que sea limitarnos,
en pos de el gran premio de poder considerarse hombre, al tener lo que tienen los hombres,
poder ser mujer, al superar la gran crueldad del juicio que las dote del derecho,
a poder torturar a otras por todo aquel daño que las ha constituido.

No caben en mí, y tanto tiempo intenté buscar a mis semejantes, tanto tiempo,
que cualquier hubiera llegado a pensar que el mundo fuera bien, que en mi había un defecto,
pues no encontraba satisfacción y siempre tenía una sed, un vacío que nadie podía llenarme,
les culpé a ellos después, pero tampoco eran culpables, era yo aquel de la falsa promesa,
en mi, mis entrañas tensadas a fuerza de una pretensión esquizoide, de igualarme,
en mis logros y en mi imagen a cuantos habían escupido sus almas al lodazal de la historia.

Mi incapacidad para adaptarme a mis agresores, mi caótica e inestable formula mental,
aquello cuanto con tanto empeño me esforcé por enderezar a fuerza de disciplina,
era demasiado fuerte, logrando así protegerme de mi mismo y de aquellos usurpadores,
que habiendo robado mi voluntad me dejaron a la intemperie, en este desierto de pavor,
al sol quemado, al aire envenenado que invade la ciudad, para que yo mismo terminase el trabajo,
pero nadie tomó mi mano, nadie pudo acogerme en mi mayor debilidad, garantizando mi salvación;
pues nada debía, y así aprendí que la esclavitud se sostiene por la deuda y por la culpa.

No pude cumplir el plan del maestro, pero tampoco caí en los pozos del resentimiento y la decadencia,
habíame esforzado cuando aún no se agotaron mis fuerzas por recorrer todos los espacios posibles,
al alcance de mi mano estuvieron las grandes luces de la ilustración, las altas esferas de la fe,
pero también las grietas del sistema, agujeros reclamados al dominio en los que encontrase cobijo,
en ellos conocí la maldición que se había vertido sobre los pueblos, su calvario y su adicción,
pero también a aquellos que habían guardado el fuego de la liberación sin sosiego ni necesidad,
en ellos guardé un fragmento, y cuando volví a mirarme aún estaba allí, suficiente para recomenzarme,
pero tampoco para ellos era un hermano, pues no lo había sido para nadie y en las afueras me alcé:

No soy un destino, pero soy un principio que reniega de todo aquello en que me ofertaron paz,
llegué a verme a mí mismo condenado a no encontrar la armonía ni el descanso, un lugar habitable,
todas las voces en mi habían sido acalladas y solo quedaba la insatisfacción, el hastío, la frustración,
y tal me fue suficiente para saber que los caminos que me definen no han sido marcados aun,
que no puedo encontrar mi lugar en este mundo pues aún no ha sido construido, apenas soñado,
que me corresponde a mí, con el saber de todos aquellos que me han precedido y que ya cayeron,
con aquellos que buscan, con aquellos que no encuentran donde alzar su voluntad, con los libertarios,
refractarios de todas las ideologías, tirar todas las murallas, lanzar garfios ardientes contra el cielo,
y ser nuestros propios guías, nunca más estar perdidos, al nunca más seguir la luz ajena.

jueves, 13 de junio de 2013

"Van dos años ya, el problema es que no se me pasa, siempre me entran los nervios cuando te veo, cuando te tengo cerca... Me solía encaprichar, eso es normal así que no le daba importancia, ya que de hecho sabía que estabas demasiado lejos, lo sigo sabiendo y aun así no se me ha pasado aún... No se que será, la mirada en la que guardas las profundidades de un mar cristalino, el buen corazón que emana tu sonrisa; sonrisa que se me clava en el corazón cada vez que la cruzas con mi pobre existencia ¿Por qué? ¿Qué hice yo jamás por ti? No puedo merecer una gracia semejante, mi pulso se espanta, no sé que decir, no puedo más que intentar ocultar la desviación constante que me lleva hacia ti, buscándote, siempre buscándote, sólo para verte y confirmar una y otra vez más tu terrible lejanía, la imposibilidad de referirme a ti con la mínima palabra, el mínimo gesto. Se ha acrecentado con el tiempo, desde el día en que me usurpaste el aliento, sin saberlo nunca, sin siquiera darte cuenta... ¿Y qué puedo hacer ahora? No puedo ser culpable de este anhelo, pero tampoco puedo librarme de él, y así, cada día temo encontrarte, cada día que pasa sin verte, es un poco más gris. "