lunes, 29 de agosto de 2011

Todo hombre y mujer tiene miedo, pues las cosas que les dan miedo son aquellas que no saben hacer y en tanto que hombres y mujeres solo saben hacer las cosas que hacen tales seres.
Por tanto viven siempre temerosos de aquello que no es propio de hombres ni de mujeres, aquellas otras cosas nunca las hace un hombre ni una mujer son propias de seres que no conocen, seres que pueden ser ellos mismos pero solo mientras no se den cuenta que no saben quienes son pues acostumbrados a ser hombre o mujer el miedo de no saber a qué atenerse les llevará a buscar una identidad y entonces a ser otra vez hombre o mujer, volverán a tener miedo o lo que es lo mismo el miedo les llevará otra vez a ser lo que eran. Las otras cosas son propias entonces de dragones o de esquirlas de nieve, de un sabueso, un ojo verde o un sabio cuervo asceta pero no, nunca de un hombre o una mujer, los actos de valor e importancia son propios de las bestias, alimañas o espectros, cosas que nunca enseñan a ser y de ahí la identidad tenebrosa del mundo.

Les enseñan a gritar frente al dolor y a ser llevados en una camilla, les enseñan a doblegar la voluntad de la mano, a acallar el bramido de la sangre, a encadenar las palabras antes de ofrecerlas sostenidas con las manos para que no se retuerzan en lugar de dejar que su goteo, fluir vomitado de aliento divino haga su trabajo más allá de la burda educación que reciben para expresar un mínimo dolor.

No so hombres ni mujeres los que salvarán este mundo, no ellos si acontece; Serán las bestias, lobos de uñas azules, sombras de la noche, espinas de color añil coronando el sombrero del herrero que forjó las ruedas del carro sucio del diablo pero no mujeres u hombres, no. Hace falta la locura de un santo para devolverle un ápice de sentido a la noche de un moribundo, moribundo cada noche como cada noche cada hombre y cada mujer, por ello mejor no dormir y no soñar, quel sueño se apodere del día, el delirio del estandarte y que haga de si mismo presa del firmamento y así, entre el suspiro del cielo blanco por la luz del sol, a primera hora de una mañana, fría de insomnio con dolor en los ojos recuperen el sentido tras el brillo de una hoja esmeralda como la bilis que quisiera corroerlos por dentro, pero que anclada en su prisión está al servicio de la vida del señor de la carne.

domingo, 28 de agosto de 2011

El problema del Génesis.

1º la ley y la moral necesitan un marco legal y ético sobre lo cual se mide lo legitimo y lo ético.
2º este marco legal tiene que estar mantenido por una institución cualesquiera que de valor a tal marco.
3º tal institución debe tener prestigio racional de modo que sus designios sean respetados por la razón y por la dignidad, pero además debe de tener fuerza, es decir violencia de facto para hacer valer tales normas.
4º para que esto sea posible tal institución debe ser independiente, autogestionada y autosuficiente de modo que no exista posibilidad alguna de ingerencia más allá del propio valor dialéctico y científico de la voz.
5º en caso de que esto no fuera así tal institución no tendría ningún valor pues bien las leyes que dictase serían leyes de excepción que beneficiarían a determinados poderes frente a otros, lo cual es intolerable y criminal.
6º esa es precisamente la situación del estado español, los estados europeos y así como casi todos los estados del norte y del sur.
7º por tanto no existe marco legal alguno que pueda legitimar o hacer valer su dictamen por encima del de cualquier bestia.
8º siendo así la moral y la ley no tienen a qué atenerse.
9º al no poder medir una voz sobre otra no hay ley, ni moral legitima, ni ética.
10º Nadie puede acusar por tanto moral ni legítimamente ningún crimen del modo que sea.
11º todo está permitido, todo juicio debe aceptar esto forzosamente.
12º vivimos entonces en estado de naturaleza.
13º siendo así nos encontramos al principio de los tiempos, pues pese al valor estético no puede existir sociedad si sus propias condiciones de posibilidad no están dadas.
14º solo queda un deber, que no puede ser otro que reconstruir el mundo.
15º pero como dicta el hecho, no pueden usarse más que las herramientas de las que se disponen, los fantasmas de lo que nos gustaría tener, no vale.
16º tales herramientas son contrarías a la moral y la razón, pues tales valores son aquello que buscamos precisamente por carecer de ello en nuestro tiempo.
17º los intentos se disponen entonces hacia un imposible: Afirmar que el ser brota del no ser.
18º y este es en realidad el gran problema, el laberinto de nuestro tiempo.

martes, 23 de agosto de 2011

Dicen que es mayor la impertinencia de los viejos por hacerse viejos en su antipática arrogancia que la ignorancia en los jóvenes, ¿Pero como soportar su burla? ¿Como quitarles el consuelo divino a los viejos de torturar y clavarse en el fantasma de la superioridad histórica frente a los infantes? ¿Cómo si no fuera así y los más jóvenes tuvieran que sufrir a los más viejos habría justicia alguna?

Pues al final el más joven es el que se lleva el mayor premio, promesa dada desde el día de su nacimiento, y es el hecho de estar un paso más cerca del fin de los tiempos... Pues todos los hombres desean ante todo, más allá de cualquier bien y cualquiera de las pulsiones del alma o la carne ser el último hombre, este es el deseo primordial de su corazón.

¿Y como no verlo roto, como no perder todas las esperanzas, cómo no sentirse engañado y burlado por el destino al descubrir que será otro y no él mismo quien con más seguridad verá el fin de los tiempos? ¿Cómo no llenarse de odio y frustración al comprender que la muerte insaciable le alcanzará antes de ver cumplida la promesa que se le hizo al nacer y que lo situó un paso por delante de sus ancestros solo para ver ahora que otro ha ocupado su lugar? ¿Como negar el consuelo de la opresión ante tal amargura?