lunes, 31 de enero de 2011

Principios desde el final.

(Ama.)


Me pides que te escriba, y la verdad desearía hacerlo, lo siento en el alma… Como tu pulso me requiere y me llama, quieres que vuelva, que revele tu figura entre las letras pero no puedo, por más que lo intente.

De verdad quisiera, pero ya casi siquiera puedo hablar ni moverme, me siento cada vez más atrapado y más aún necesitado de escribirte, nunca termino de llegar a la salida, salida que a duras penas consigo dibujarme en algún horizonte.


(Tienes que crecer.)


Aun me queda tiempo, lo estoy perdiendo lo sé, como el aliento, las ganas y las respuestas. El pulso se me acelera a la vez que pierde fuerza y nada me vendría peor que verme una víctima cuando se me agote.

De todas formas puedo decirte algo: seguramente podría hacer algo, incluso en muchos momentos me siento capaz de volver a escribirte pero no sé dónde te metes. Sé que tampoco hago mucho por buscarte… Y la verdad, muchas veces me ha dado la impresión de tenerte delante y no ser capaz de mover un dedo.


(Adentra la vibración.)

jueves, 27 de enero de 2011

La más soberbia de las bondades no es más que la consecuencia natural del abandono sistemático del daño injertado, clavado, afilado, bajo la carne en cada paso.
Las declaraciones suenan siempre peor que los deseos,
cenizas remarcadas demasiadas veces,
reconocidas,
desgastadas entre todos ya no cubren nada.

Sabedlo, todas vuestras quejas tejerán vuestras manos luego,
no hay nada que acusar.

martes, 25 de enero de 2011

Esta noche hablaré con las estrellas; les diré que me molesten, que no existe tanta belleza..
Tenemos miedo,
al todo y al nada,
miedo a nosotros mismos,
nos falta la fuerza con que seguir adelante,
nos falta el pulso en las manos,
somos seres débiles y rencorosos…

Combatimos constantemente la belleza, para tomarla y arrancarla del mundo.
Huimos de la fealdad, esa fealdad que nos comparte, que nos corroe, y no aceptamos que es parte de nosotros…
Todas las estrategias y fortalezas mentales que construyas no te quitarán el hecho incuestionable de, por un lado, tener que ponerlas en práctica, y por otro, poder fracasar.

lunes, 24 de enero de 2011

El latir de los ausentes,
no vive de las estrellas,
no sobrevive entre la metralla fina de los labios,
ni de manos que se paran a esperar.
Cuando voy contigo, todo parece sorprenderme, lo sé. Cuando voy contigo parezco perdido, o a veces ausente, la mayoría siquiera, lo sé, logras comprenderme. Cuando salimos de noche, notas cierto dolor en mis gestos, caminamos y a veces, lo sé, haces como si no vieras la humedad de mi rostro. A veces piensas que es culpa tuya, pero nunca me lo has dicho, permanecemos en silencio demasiado tiempo, apenas hablo, lo sé. Cuando voy contigo es cierto, muchas veces te preguntas que haces a mi lado, por eso me agarro más fuerte y entonces me miras, pero casi nunca me he atrevido, lo sé, a devolverte la mirada.
¿Sabes por qué lloraba?

Porque sabía que no estaba ante un igual, sino ante algo muy lejano que sin embargo le mostraba lo miserable que era, algo que le hacía sufrir solo por estar delante de su existencia.

domingo, 23 de enero de 2011

¿De verdad pierdo tanto el tiempo?

¿Y por qué solo me doy cuenta cuando me he pasado un día o varios con dolor de cabeza? ¿Por qué esta sensación disciplinada de vergüenza y malgasto me viene siempre presentada por un dolor en la nuca, un agotamiento en la sangre?

Será verdad que solo un dolor permanente consigue sosegarme, consigue retrasar suficiente el ritmo desquiciado de mi mente. Tienen que pasar varios días de malestar profundo en mis tendones para hacerlos callar, tiene que doler bastante para callar mi torrente de palabras, locas, sin sentido, sin final.

¿Y luego qué? En silencio solo me queda avergonzarme, recuperar el deseo de mantener esta solemnidad y tranquilidad de pensamiento, buscar cuanto he olvidado por pura desidia, mirar mis manos, mi boca, mi mente, siempre llena, siempre movida, siempre acelerada, cualquier cosa en ellas, cualquier cosa con tal de no tenerlas vacías.

Y cuando el dolor me lo ha impedido, cuando vendido por mis arterias no me quedó más que callar, maldita sea, desearía estar así siempre.

Unisono

En este momento, dos personas que no se conocen están escribiendo sobre lo mismo, sus textos, no se parecerán en nada y aunque no pueden ni imaginarse, el dios sabe que se buscan al unísono, al mirar por la ventana.

Ambos se paran, piensan lo que quieren escribir, se preguntan si son los únicos que escriben, y vuelven al papel cuidando línea a línea, dejándolas descansar, vuelven a la ventana, respiran, saborean las sensaciones que les nacen. Ambos, sienten cierta nostalgia, pero no tienen de quien, por ello vuelven a escaparse un poco a la ventana. Allí no miran nada, no existe nada más allá del marco, el horizonte es negro, y las luces niegan las estrellas, no, no buscan ver nada, pero escapan, y toman aliento.

La música les daña un poco, existe un abismo y no saben de quien, se lo preguntan a la vez ¿Quién más está escribiendo ahora? Intentan otra línea, les preocupa hacerlas bien, quieren dedicárselas, mandarlas a navegar, una carta en una botella en los océanos de la red.

No quieren mencionar el amor, piensan que no es suficiente, recuerdan cuanto han amado, y sin embargo no les parece suficiente, es otra cosa, algo que no pueden encontrar. Creen que todo lo tienen, lo que soñaron hace años, era mucho menos, los más altos sueños, no alcanzaron sus logros.

Y sin embargo les vuelve a faltar algo, cada noche, cada noche que se escriben, que se buscan y que miran otra vez por la ventana, como si se mirasen en el abismo.

Duermevela

Dormitan mis manos,
sueñan que aún viven de los campos y el graznido de los arboles.
Sienten en su sueño, porque sueñan,
la caricia del ámbar, robado del sol o los cabellos formando la raíz de la sombra,
donde se tienden a descansar.
Mis manos, que las muerdo de ansiedad,
piensan que acarician un cuaderno, y que bailan entre el blanco sucio, y la tinta negra,
piensan quel plástico es de carne, y que el calor es humano, que se agrietan de escalar montañas, y no de sujetarme el alma húmeda y cansada.



Hacia fuera,
ausentes manos del tiempo, no reconocen si quiera el tacto de su hermana y permanecen quietas, marionetas tan solo del pensamiento, han dejado de escribir.
Parece que esperan,
si es que hubiera algo que esperar, parece que algo guardan, para un mañana que no se acerca ni un solo paso en la mañana.

Horizontes.

-¿Por qué sigues insistiendo en esa sensación de soledad? Muchos envidiarían no solo tus compañías y el constante cuidado que te dan sino más aun tu propia autosuficiencia y carácter inquebrantable... Intento ser sincero contigo, te aprecio y te conozco bien pero es algo que sigo sin entender, algo en lo que te empeñas y a lo que no encuentro sentido porque sé que tú más que nadie si quisieras no estarías así.

-Hay una compañía que no la puede dar ninguna calidez, ningún cuerpo ni voz… Es una compañía en la distancia, una que solo puede darse en la lejanía… Es la única que puede dar consuelo cuando miras al horizonte. Esa compañía no puede dártela nadie que conozcas, porque solo los desconocidos pueden darte tal cosa, es la compañía de lo que está fuera de nosotros, de lo extraño, pero a la vez la de nosotros mismos, de todo lo que somos pero aún nos falta. Es la compañía de los sueños, y esa es, casi trágicamente, la que nos hace caminar.
Atorméntame,
desgárrame los labios,
que tu susurro frio acalle la entereza de mis tendones,
haz que se apaguen las atalayas de mi consciencia,
descubre mi pecho,
quiebra sus esfinges y los templos,
custodios de la llama, el relámpago de mi sangre.

Córtalos, con un espanto que de frio mueran sus raices,
con que nutren mi esperma de abalorio.

Siéntelo acaso,
su desnudez como tortura de mi juicio,
intenta desbordarlo,
y si su sabor amargo no te hace llorar,
solo entonces,
podrás decir que me has enamorado.

La esencia.

Los limites de la acción no residen más que en las costumbres,
y lo cierto es que a todo se acostumbra uno,
incluso a cambiar al tiempo las costumbres,
y si es así, y los hombres se hacen por el habito,
seguramente, buscar los limites sea una manera de ser libres.